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Por Alberto Corona, Commerce Director LATAM Keyrus


Mientras el 38% de los fabricantes encuestados por Deloitte continúa realizando pilotos de IA generativa, solo el 24% la ha desplegado a escala de planta o red. El desafío está pasando de adoptar tecnología a integrarla en procesos capaces de generar resultados medibles.

La industria manufacturera enfrenta una presión constante por aumentar la productividad, optimizar costos, fortalecer la resiliencia de sus cadenas de suministro y responder con mayor velocidad a los cambios del mercado. Para las organizaciones de América Latina, hacerlo en un entorno de volatilidad y creciente competencia global convierte la transformación tecnológica en una discusión directamente relacionada con la competitividad.

La inteligencia artificial ya forma parte de esta conversación. De acuerdo con la 2025 Smart Manufacturing and Operations Survey de Deloitte, realizada entre 600 ejecutivos de grandes empresas manufactureras con sede u operaciones en Estados Unidos, el 38% está realizando pilotos de IA generativa y el 24% ya la utiliza a escala de planta o red.

La distancia entre experimentar y escalar plantea una pregunta más relevante que qué tecnología adoptar: ¿qué necesita una organización para convertir la IA en eficiencia, mejores decisiones y resultados de negocio?

Muchas compañías ya cuentan con ERP, CRM, plataformas digitales, soluciones de Data & Analytics y grandes volúmenes de información. El desafío aparece cuando estas capacidades operan de manera aislada: los datos se fragmentan, permanecen procesos manuales y los pilotos de IA tienen dificultades para integrarse al resto de la organización. La oportunidad, por tanto, no está necesariamente en sumar más tecnología, sino en conectar y potenciar las capacidades que ya existen.

Datos confiables antes que más IA

Una estrategia de inteligencia artificial difícilmente puede escalar si la información que la alimenta está dispersa, presenta problemas de calidad o carece de una gobernanza adecuada.

En manufactura, los datos suelen distribuirse entre sistemas empresariales, hojas de cálculo, CRM, plataformas digitales y soluciones de analítica. Esto puede generar distintas versiones de una misma información y una alta dependencia de procesos manuales para consolidarla.

Antes de preguntarse qué modelo implementar, las organizaciones necesitan asegurar integración, calidad, trazabilidad y gobierno de la información. La IA no corrige automáticamente una arquitectura fragmentada; incluso puede amplificar sus limitaciones.

Del piloto al caso de negocio

El segundo cambio consiste en dejar de medir el avance de la IA por el número de pruebas realizadas. No todos los casos de uso tienen el mismo potencial y, por ello, deberían evaluarse considerando tres variables: impacto en el negocio, viabilidad de implementación y capacidad de escalar.

Esto lleva la conversación hacia problemas concretos: mejorar el forecasting, optimizar inventarios, anticipar variaciones en la demanda, automatizar procesos, acelerar el acceso al conocimiento técnico o identificar oportunidades comerciales en clientes B2B.

La combinación entre IA y automatización también puede reducir actividades como la captura manual de información, elaboración recurrente de reportes, seguimiento de indicadores y consolidación de datos desde diferentes fuentes. El objetivo no es únicamente hacer estas tareas más rápido, sino liberar la capacidad de los equipos para analizar información y tomar mejores decisiones.

En las conversaciones que tenemos con organizaciones manufactureras de América Latina vemos un cambio importante: la pregunta ya no es dónde utilizar inteligencia artificial, sino dónde puede generar suficiente valor para justificar su implementación y escalarla. Esto obliga a conectar datos, procesos y tecnología alrededor de resultados concretos del negocio.

Una organización capaz de decidir mejor

Uno de los mayores potenciales de la IA está en ayudar a las organizaciones a responder ante escenarios cambiantes. En cadenas de suministro cada vez más complejas, los datos y la inteligencia artificial pueden contribuir a mejorar pronósticos, analizar escenarios, anticipar cambios en la demanda, optimizar decisiones de inventario e identificar riesgos con mayor anticipación.

La ventaja no está en intentar predecir perfectamente el futuro, sino en reducir el tiempo que necesita una organización para entender un cambio y tomar una mejor decisión frente a él.

Y esta evolución no termina en la planta. Puede extenderse hacia la gestión del conocimiento, sostenibilidad, servicio, marketing y ventas B2B. Cuando CRM, plataformas digitales, información comercial y datos operativos trabajan de manera conectada, la inteligencia puede recorrer diferentes áreas del negocio.

La siguiente etapa de la manufactura inteligente no estará definida por quién incorpore más herramientas o acumule más pilotos de IA, sino por quién consiga integrarlos mejor a su operación.

Datos confiables, procesos conectados, gobierno, arquitectura y casos de uso vinculados a indicadores de negocio determinarán si la IA permanece como una prueba tecnológica o se convierte en una verdadera ventaja competitiva.

© iPuntoTV 2026

09.10.26 16:03


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